viernes, 25 de julio de 2008

El nacimiento de la Arqueología Bíblica


I. El nacimiento de la arqueología bíblica



CUANDO Sir Isaac Newton escribió su Chronology of Ancient Kingdoms (Cronología de los reinos antiguos), publicada en 1728, sus fuentes documentales fueron la Biblia y las obras de los escritores clásicos griegos y romanos. Sus conclusiones, deducidas de las partes históricas de la Biblia, han soportado la prueba del tiempo y aun hoy día sólo necesitan ligeros retoques. Pero resultó completamente errónea su reconstrucción de la historia antigua, para la que dependió de la información clásica secular. De acuerdo con Newton, Sesac, el Sisac bíblico que despojó el templo de Jerusalén durante el reinado de Roboam, hijo de Salomón, no sólo invadió África y España sino que cruzó el Helesponto y también marchó hacia la India donde levantó columnas de victoria en el río Ganges. Por lo que sabemos ahora, Sisac no emprendió ninguna de esas campañas con la excepción de la que está registrada en la Biblia. Para Newton, el gran rey Ramsés vivió en el siglo IX AC, en vez del siglo XIII, y ¡fue seguido por los edificadores de las grandes pirámides de Gizeh, Keops, Kefrén y Micerino! Hoy sabemos que esos reyes -de la cuarta dinastía egipcia- vivieron muchos siglos antes y que sus pirámides ya eran monumentos famosos de la gloria de sus constructores en el tiempo de Moisés.
Comentadores de la Biblia que escribieron a comienzos del siglo XIX, como Adam Clarke, se vieron en la misma dificultad de Sir Isaac Newton. Se encontraron en un terreno incierto cada vez que trataron de aclarar la historia bíblica del período prepersa usando los registros antiguos, para colocar los relatos de la Biblia en su marco histórico correspondiente. Por lo tanto, sus explicaciones acerca de hechos históricos son generalmente engañosas. A comienzos del siglo XIX, las fuentes disponibles para el investigador de la historia antigua eran oscuras y vagas, también distorsionadas y erróneas, y contenían grandes lagunas que no eran reconocibles. También presentaban figuras legendarias como personajes históricos; de modo que era imposible reconstruir una verdadera historia del mundo antiguo. Aun hoy, con nuestro conocimiento mucho mayor de la historia antigua, estamos todavía muy lejos de una comprensión correcta de todos los sucesos entretejidos en las naciones antiguas y no podemos identificar, en todos los casos, las figuras y acontecimientos descritos por los autores clásicos. Mediante los descubrimientos contemporáneos, se ha comprobado que son indignas de confianza las antiguas fuentes documentales preservadas por los escritores griegos y romanos. Cuando se demostró que una buena parte de la información de los escritores antiguos había sido mal comprendida, o era enteramente falsa, surgió un escepticismo entre los eruditos hacia toda la literatura antigua. Por ejemplo, no sólo se declaró que la Ilíada es una leyenda sino que fue negada la misma existencia de la ciudad de Troya hasta que Enrique Schliemann demostró su existencia mediante sus excavaciones.
El escepticismo provocado por los escritos antiguos -con buen fundamento en muchos casos- también se extendió a los escritos de la Biblia. Muchos pensaron que los registros bíblicos en cuanto a la historia antigua de este mundo, y los relatos en cuanto a los patriarcas, profetas, jueces y reyes, en la mayoría de los casos eran tan legendarios como los de otros pueblos antiguos que nos habían llegado mediante los escritores griegos y latinos. Los más famosos historiadores y teólogos del siglo XIX fueron los que tuvieron las mayores dudas en cuanto a la veracidad de los relatos de la Biblia y se contaron entre sus críticos más acérrimos.
Desde comienzos de este siglo ha cambiado mucho esa actitud. Se muestra mucho más respeto hacia el Antiguo Testamento, sus narraciones y sus enseñanzas que el que se mostraba hace unas pocas décadas. Los resultados de las exploraciones en el Cercano Oriente han sido el factor más importante para producir este cambio.
Ante el torrente de luz proyectado por la arqueología sobre las civilizaciones de antaño, se destaca el Antiguo Testamento, no sólo como históricamente fidedigno sino también como único en sus alcances, poder e ideales excelsos en comparación con las mejores producciones del mundo antiguo. Una autoridad en historia, que no reconoce la inspiración de la Biblia, observa acerca de este hecho: "Juzgado como material histórico, es posible sostener que el Antiguo Testamento se destaca hoy más que cuando su texto estaba protegido por las sanciones de la religión...
"El historiador... no debiera juzgarlo desde un punto de vista moderno. No debiera comparar el Génesis con Ranke, sino con las producciones de Egipto y Asiria. juzgada a la luz de sus propios días, la literatura de los judíos es única tanto en alcances como en poder" (James T. Shotwell, An Introduction to the History of History [Introducción a la historia de la historia], pág. 80).
Y añade: "Que la perspectiva [del 'deuteronomista'] era realmente excelsa -la mejor del Antiguo Testamento- lo admitirá cualquiera que lea del capítulo quinto al undécimo de Deuteronomio y luego los compare con el resto de la literatura mundial antes del pináculo de la civilización antigua" (Id., pág. 92).
Extensas exploraciones de la superficie y numerosas excavaciones de localidades antiguas sepultadas, no sólo han puesto de manifiesto la evidencia de que han resucitado antiguas civilizaciones delante de nuestros ojos, sino que también nos permite reconstruir la historia antigua y coloca las narraciones de la Biblia en su verdadero contexto histórico.
Se han encontrado claves que capacitan a los eruditos modernos para descifrar escrituras por largo tiempo olvidadas, tales como los jeroglíficos egipcios e hititas, la escritura cuneiforme de Sumer y Babilonia, o los escritos alfabéticos de los antiguos habitantes de Palestina y Siria. Idiomas muertos durante miles de años fueron 108 resucitados y se han sistematizado su gramática y vocabulario. Las arenas de Egipto y las ruinas del Asia occidental revelaron una riqueza de material literario que había estado oculto y preservado durante milenios. Esto capacita al erudito moderno para reconstruir mucho de la historia antigua de aquellas naciones así como su religión y cultura. Ciudades como Laquis, Hazor, Meguido y Nínive -por mencionar sólo unas pocas- cuyos nombres aparecen en la Biblia o en otros registros antiguos, pero cuya ubicación era enteramente desconocida, fueron redescubiertas y excavadas. Fueron sacados a la luz sus templos y palacios arruinados; fueron halladas sus escuelas, bibliotecas y tumbas. Entregaron sus secretos por largo tiempo guardados y contribuyeron al rápidamente creciente aumento del conocimiento en cuanto al mundo antiguo, un mundo en el cual vivieron los personajes de la Biblia y en el cual se produjeron sus sagradas páginas. Se han gastado millones de dólares para recuperar el antiguo Oriente. Nobles eruditos han dado su riqueza y, en muchos casos, su vida por este propósito, y se han escrito miles de voluminosos tomos para registrar los hallazgos del último siglo y medio.
Se puede ver la providencia de Dios en ese progreso. ¿De qué otra manera podría explicarse que todo ese material invalorable estuviera oculto de la vista de los hombres durante tantos siglos, cuando nadie hubiera aprovechado de él, y cuando no era necesario establecer que las Escrituras son fidedignas pues nadie las impugnaba? ¿Cómo es que todo ese material salió a la luz cuando era más desesperadamente necesitado para mostrar la veracidad de la Palabra de Dios y la verdad de la historia sagrada? Un ojo vigilante lo había preservado para el día cuando haría su parte para testificar en favor de la verdad, y cumplir las predicciones de Jesucristo de que, cuando los testigos vivientes cesaran de testificar por él y la verdad, clamarían las mismas piedras.
Para introducir la historia de todo este maravilloso progreso de los esfuerzos de la arqueología en las diversas tierras bíblicas presentaremos unas pocas citas de W. F. Albright -quizá el más famoso orientalista contemporáneo, recientemente fallecido- para mostrar el inmenso beneficio que han recibido los estudios de la Biblia gracias a la investigación arqueológica y el gran cambio que se ha producido en el mundo de los eruditos en lo que respecta a la evaluación que hacen de los relatos de la Biblia. Dijo en 1935:
"La investigación arqueológica en Palestina y las tierras vecinas durante el siglo pasado ha transformado completamente nuestro conocimiento del marco histórico y literario de la Biblia. No aparece más como un monumento de antaño, completamente aislado, como un fenómeno sin relación con su ambiente. Ahora ocupa su lugar en un contexto que está llegando a ser mejor conocido cada año. Colocada [la Biblia] en el marco del Cercano Oriente antiguo, se aclaran innumerables puntos oscuros y comenzamos a comprender el desarrollo orgánico de la sociedad y cultura hebreas. Sin embargo, la peculiaridad de la Biblia, como obra maestra de literatura y como documento histórico, no ha disminuido, y no se ha descubierto nada que tienda a turbar la fe religiosa de judíos o cristianos" (The Archaeology of Palestine and the Bible [Arqueología de Palestina y la Biblia], pág. 127).
El mismo autor se ocupa más o menos ampliamente de los descubrimientos que han refutado las denuncias dogmáticas, y con frecuencia sarcásticas, de los afiliados a la alta crítica -como los de la escuela de Julio Wellhausen- de que la Biblia contiene muchas leyendas, relatos folklóricos y una mitología que también ha sido llamada "fraude piadoso". Esto hace que llegue a la siguiente conclusión:
"Creemos que los eruditos conservadores están completamente justificados en su 109 vigoroso repudio de todos los esfuerzos por comprobar la existencia de inventos fraudulentos y falsificaciones deliberadas en la Biblia. Tienen igualmente razón cuando objetan con todo énfasis la presencia de una mitología espuria y un paganismo tenuemente velado en la Biblia" (Id., pág. 176).
Desde que se escribieron estas palabras, otros descubrimientos -algunos de ellos sensacionales- han testificado que son dignos de confianza los relatos bíblicos y la seguridad de su texto en muchos detalles. Repasando una gran cantidad de material nuevo, dice Albright:
"Los descubrimientos arqueológicos han sido la causa principal del reciente reavivamiento del interés en la teología bíblica, debido a la riqueza del nuevo material que ilustra el texto y el trasfondo de la Biblia... Continúa llegando nuevo material arqueológico que exige la revisión de todos los enfoques pasados en cuanto a la religión tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Se hace más claro cada día que este redescubrimiento de la Biblia con frecuencia lleva a una nueva evaluación de la fe bíblica que se parece muchísimo a la ortodoxia de años pasados. No debe permitirse que una erudición académica ni una irresponsable neoortodoxia aparten nuestros ojos de la fe viviente de la Biblia" ("The Bible After Twenty Years of Archaeology" [La Biblia después de veinte años de arqueología], Religion in Life [Religión en la vida] t.21, pág. 550. Otoño de 1952).



Texto extraido del Comentario Bíblico Adventista

martes, 22 de julio de 2008

Sociedades Secretas














Los Manuscritos del Mar Muerto


Los Manuscritos del Mar Muerto

http://es.wikipedia.org/wiki/Manuscritos_del_Mar_Muerto

Los Manuscritos del Mar Muerto Rollos de Qumrán (llamados así por hallarse los primeros rollos en una gruta situada en Qumrán, a orillas del mar Muerto) son una colección de casi 800 escritos de origen judío, escritos en hebreo y arameo por integrantes de la congregación judía de los esenios, y encontrados en once grutas en los escarpados alrededores del mar Muerto.
Descubrimiento
Los primeros siete rollos fueron encontrados en 1947 por Jum'a y su primo Mohammed ed-Dhib, dos pastores beduinos de la tribu Ta'amireh en una cueva de Qumrán.

Se cuenta que utilizó algunos en una hoguera para calentarse, al carecer del conocimiento de la importancia del hallazgo. Estos rollos fueron vendidos (troceados, para aumentar su precio) a un anticuario en el mercado local, extraviándose un tiempo algunos en Egipto y otros en los Estados Unidos.

Posteriormente se publicaron copias de los rollos, causando un masivo interés en arqueólogos bíblicos, cuyo fruto sería el hallazgo de otros seiscientos pergaminos, y cientos de fragmentos.

Lo más importante de este hallazgo es su antigüedad, que permite estudiar importantes fuentes teológicas y organizativas del cristianismo. La mayoría de los manuscritos datan de entre los años 250 a. C. y 66 d. C., estando entre ellos los textos más antiguos de que se dispone en lengua hebrea del Tanaj o Antiguo Testamento bíblico. Se cree que fueron ocultados por los esenios debido a las revueltas judías contra los romanos en esos años.



Biblioteca
Entre los manuscritos se encuentran:

Los libros del Tanaj, incluido una versión más extensa del Libro I de Samuel, con la excepción de Ester, así como los deuterocanónicos como el Sirácida, la Carta de Jeremías y el Libro de Tobías;
Estudios sobre cada libro de la Escritura, desde un punto de vista esenio;
Los manuales, reglamentos y oraciones propias de la comunidad que habitó el sitio, entre los cuales destaca el Documento de Damasco, que ya había sido encontrado en 1896 en el depósito de una sinagoga, en una versión manuscrita por los karaitas del siglo IX.
Un rollo de cobre con cuestiones contables y relativas a la localización de determinados tesoros.
Diversos textos religiosos intertestamentarios como:
el Libro de Henoc.
el Testamento de los Doce Patriarcas.
el Libro de los Jubileos, que expone un calendario solar, diferente a los que usaban los fariseos y saduceos en el Templo y que conducía a un conflicto por las fechas de celebración de las fiestas de la Ley, pero que concuerda con las normas de la comunidad de Qumrán y es explícitamente citado en el Documento de Damasco (XVI 3-4).
El traductor de estos manuscritos, Florentino García Martínez, escribió que, con la única excepción de rollo de cobre, se trata de una "biblioteca sectaria", pues los rollos forman un conjunto articulado de concepciones teológicas, escatológicas, morales y éticas (1992:36-39). Las normas de la comunidad citan y hacen referencia a todos los textos bíblicos, apócrifos y seudoepigráficos encontrados, de manera que estos sustentan a aquellas, que a su vez se consideran intérpretes de textos inspirados que están en la "biblioteca". El uso del antiguo calendario hebreo por la comunidad, claramente diferente al oficialmente vigente en el siglo I, distingue a la biblioteca de los textos de otras corrientes judías, como los fariseos.

La Perla de Gran Precio

La Perla de Gran Precio es un libro sagrado de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Contiene una selección de materias o temas de gran valor que se relacionan con muchos aspectos importantes de la fe y de la doctrina de la iglesia. El profeta Joseph Smith preparó estos temas y se publicaron en los periódicos de la Iglesia en su época.

A continuación aparece una breve introducción de la materia que actualmente contiene:

Selecciones del Libro de Moisés. Partes del libro de Génesis de la traducción que José Smith hizo de la Biblia, obra que él comenzó en junio de 1830 (History of the Church [Historia de la Iglesia], 1:98–101, 131–139).

El Libro de Abraham. Es una traducción de unos papiros egipcios que llegaron a manos de José Smith en 1835, los cuales, creen los adherentes del Mormonismo, contenían escritos del patriarca Abraham. La traducción se publicó en serie en el periódico Times and Seasons, empezando el 1º de marzo de 1842 en Nauvoo, Illinois. (History of the Church, 4:519–534.) Los papiros fueron comprados por Joseph Smith a un viajero llamado Chandler que tenia dos papiros y 4 momias. En los fines del siglo veinte, surgieron algunos de los papiros y se hizo mucho estudio de ellos sin que la traducción de Joseph Smith fuera comprobada. Con tal de que muchos han ajustado su estimación del sentido de la palabra traducción tal lo usó Joseph Smith.

Este papiro se volvió a encontrar en 1967 y trás examinarlo varios egiptólogos descubrieron que ni una sola palabra del presunta traducción de Smith guardaba parecido alguno con el contenido del documento. Se comprobó que se trataba del libro de los hálitos, un documento funerario egipcio que se enterraba junto a los muertos. Se pudo comprobar también que que Smith usó hasta 136 diferentes palabras en inglés para traducir el carácter correspondiente a "lago".

José Smith—Mateo. Parte del testimonio de Mateo tomada de la traducción que hizo José Smith de la Biblia (véase Doctrina y Convenios 45:60–61, donde aparece el precepto divino de empezar la traducción del Nuevo Testamento).

José Smith—Historia. Selecciones del testimonio e historia oficial de José Smith que él preparó en 1838 y que se publicó en serie en el periódico Times and Seasons, en Nauvoo, Illinois, empezando el 15 de marzo de 1842 (History of the Church, 1:1–44).

Los Artículos de Fe de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Una declaración de José Smith que se publicó en el periódico Times and Seasons el 1º de marzo de 1842, junto con una breve historia de la Iglesia, y que llegó a conocerse popularmente como la Carta de Wentworth (History of the Church, 4:535–541).


Fuente:
Wikipedia español

http://es.wikipedia.org/wiki/La_Perla_de_Gran_Precio